Julia Alvarez Iguña

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VIGOREXIA: La obsesión por el músculo

sábado, 24 de abril de 2010


Este trastorno fue descubierto por el psiquiatra H.G. Pope en 1993, quien define la vigorexia “como un desorden emocional consistente en la percepción distorsionada de las características físicas, de modo similar a como sucede con la anorexia, pero a la inversa, pues mientras que la anoréxica asocia belleza a delgadez, en este caso se asocia belleza a cantidad de masa muscular”. Debido a su reciente aparición, aún no ha sido reconocido como enfermedad por la mayoría de la comunidad médica internacional.
La vigorexia, conocida también como dismorfia corporal, es un trastorno psíquico que afecta generalmente a los hombres que poseen una obsesión por alcanzar una voluminosa musculatura. Generalmente poseen figuras idealizadas como Rambo, Iván Drago, Ricardo Fort, Schwarzenegger, modelos a los cuales se quieren parecer.

Este trastorno está relacionado a los componentes socioculturales de una sociedad donde el culto a la imagen cobra un prestigio sobresaliente. Tanto la anorexia como la vigorexia forman parte de los denominados “Trastornos de Imagen” donde a pesar de que el cuerpo alcanza dimensiones voluminosas, el vigoréxico al mirarse en el espejo, se ve como algo pequeño, frágil y débil, devolución especular producida por el síntoma de su realidad psíquica. Son personas de baja autoestima que desplazan sobre el cuerpo la fortaleza perdida de su “ser”. Esta compensación los hace sentir poderosos, fuertes, centro de miradas que proveen un sostén del ser bajo una disfrazada seguridad relacionada al éxito y al poder.

Es una manera de buscar en el cuerpo lo vacío de su estima. En este sentido podemos pensar en un falso self -un falso Yo- una coraza o armadura representada por el cuerpo musculoso que desea ocultar el verdadero self –verdadero Yo- el cual se encuentra contenido y escondido bajo sus enormes músculos. Ante su débil identidad, al no sentir un Yo cohesionado, aparece esta reformación del cuerpo que en su fantasía lo hace ser diferente (¿potente, fuerte, exitoso?), dotándolo de una identidad propia.
Son personas que pasan horas en el gimnasio buscando una sensación de placer, ya que para poder soportar el dolor se requiere una considerable cantidad de endorfinas, las que se obtienen por medio del ejercicio prolongado e intenso generando una adicción a esta sustancia.

¿Cúales son sus síntomas?

Distorsión de la imagen corporal.
Obsesión por un cuerpo musculoso.
Femifobia (temor a la pérdida muscular).
Baja autoestima.
Constante competencia, (¿quién está más fuerte, más musculoso?) entre los compañeros.
Entrenamiento con dedicación compulsiva y casi exclusiva.
Adicción a utilizar la balanza para controlar el peso.
Tendencia a la automedicación ya que evita ir a especialistas.
Necesidad de lograr el Ideal personal de belleza física.
Necesidad de despertar deseo o envidia, ansiedad compensada con entrenamiento.
Sienten depresión, ansiedad, culpa y mal humor cuando no puede asistir a entrenar, debido al incremento de endorfinas.
Suelen pasarse horas frente al espejo, obsesionándose con la alimentación y suplementos.

A estos síntomas se suma el trastorno de alimentación con una dieta poco equilibrada en donde las proteínas y carbohidratos son consumidos en exceso, mientras que la cantidad de lípidos se reduce. Esto puede ocasionar alteraciones metabólicas, con el consumo de esteroides, anabólicos, hormonas de crecimiento y demás productos relacionados al aumento de masa muscular.
Esta patología debe tratarse a nivel multidisciplinario -profesores de educación física, médicos, entrenadores, psicólogos, nutricionistas- centrados en mejorar la autoestima, la imagen corporal y la superación del miedo al error o fracaso. Asimismo, es imprescindible el apoyo familiar y amigos más cercanos.

El mayor problema es que no es fácil de diagnosticar ya que es un trastorno relativamente nuevo. Sin embargo, junto con la anorexia y la bulimia, esta enfermedad puede alcanzar importantes deterioros en los aspectos físicos y emocionales. Debemos pensar que el cuerpo es nuestro bien más preciado, y lo debemos saber cuidar y aceptar más allá de los cánones impuestos por esta falsa cultura a la imagen. Uno es por lo que es y no por el cuerpo que tiene.
Consulta a especialistas y no te sientas omnipotente donde todo lo sabés y todo lo podés.

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